‘Sobre patines’: nada como el roller derby

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Autora: Victoria Jamieson
Traductora: Sonia F. Ordás
Año: 2018
Editorial: Maeva Young
Género: Cómic; infantil/juvenil
Valoración: Me gustó

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True story

La editorial Maeva ha traído al español Sobre patines, un cómic juvenil —me resisto a usar novela gráfica— sobre amistad y roller derby. La edición original, Roller Girl fue publicada en 2015 por la ilustradora y jugadora Victoria Jamieson. Puede parecer raro que elija reseñar justo este tipo de libro, pero tengo mis razones claras: Esta entrada la dedico a Sobre patines porque es cómic y es juvenil —y el canon insiste en relegarlos y nosotros en recogerlos—, porque el roller derby es un deporte increíble y porque yo no solo soy la Calamara: en la pista me llaman Iron Ass.

Sobre patines nos cuenta la historia de Astrid: una niña de 12 años que decide inscribirse a un campamento de verano de roller derby. Son los últimos meses antes de que comience el instituto y, aunque está acostumbrada a hacerlo todo junto a su mejor amiga, Nicole, a este nuevo reto se tiene que enfrentar sola. Durante los calurosos meses de verano, Astrid se preparará para jugar su primer partido, mientras aprende valiosas lecciones sobre amistad, determinación y humildad. Narradora de su propia aventura veraniega, se presenta a sí misma a lo largo del libro de una forma muy genuina. La focalización, el sentido del humor, y algunos momentos meta, enriquecen la dinámica de lectura.

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Retratar a una preadolescente desde la adultez no es tarea fácil —casi nadie lo hace bien, Salinger solo lo hizo muy bien una vez—, y a pesar de ello Jamieson hace un buen trabajo trazando las sensibilidades y angustias de su protagonista, sin que se asome esa irritante perspectiva de adulto sobre ella —excepto de esa manera que muestra la imagen—, sin 28512513_10160095117660416_168303507_nmencionar hormonas, sin introducir un crush y sin injustificados cambios temperamentales. Además, el retrato no pasa por alto la complejidad de las emociones de Astrid, y da la justa importancia a sus problemas interrelacionales, que son, en realidad, el hilo conductor del argumento: la crisis de su amistad con Nicole —su «mejor amiga»—y todo lo que ella conlleva: celos, inseguridad, la sensación de haber sido sustituida. Mientras Astrid carga con el peso de estos problemas y sospecha que entrará al instituto con más enemigos que amigos, tendrá que enfrentarse a un exigente día a día, en el que calzarse los patines y entrenar duro durante horas será necesario para alcanzar el nivel de sus compañeras de equipo.

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La construcción de Astrid es, quizás, lo que más me gustó. Astrid Vásquez vive en una familia de dos: su madre —gran personaje— y ella. Tienen una buena relación: su madre se preocupa por enriquecer el bagaje cultural de su hija, enseñarle referentes femeninos fuertes y comprarle ropa nueva de cara al instituto —para lo que tuvo que ahorrar un 28536920_10160095116925416_157082614_ntiempo—. Astrid, por supuesto, y porque es un personaje bien construido, se burla de estos esfuerzos, pero en general el retrato familiar es muy afable. Estas representaciones de adolescente y su familia, sin embargo, no se limitan a Astrid: también los vemos, distintos pero igual de sólidos, en los casos de sus amigas Nicole y Zoey, aunque, eso sí, detrás del velo parcial de la narradora.

La historia de la literatura nos ha dejado una cosa clara: el papel de las mujeres en la P1090113ficción no es independiente. Las mujeres ficcionales son novias, amantes, mujeres, tías, viudas, abuelas, huérfanas, hijas, solteronas, promiscuas… Su papel se mide a partir de la presencia de un personaje masculino. Esto ocurre a todos los niveles, pero ocurre mucho en la literatura juvenil, y creo que es importante evitarlo: terminar con la idea de que las mujeres pueden ser heroínas o protagonistas siempre y cuando formen parte de una relación sentimental de algún tipo. En el mundo de Astrid no hay hombres a la vista, a excepción del speaker de los partidos y el dependiente de una tienda de comida que le pilla de camino a casa. Sus relaciones más estrechas son todas entre mujeres. No puedo hacer suficiente hincapié en cuán positivo esto es. Las ambiciones de nuestra adolescente son las de un ser humano completo, quiere ser deportista y hacerlo bien, tiene amigos y problemas con sus amigos, y su relación con su madre se tambalea a veces, pero es sana y amorosa. Ahora me giro y le pregunto a dos mil años de literatura: ¿era tan difícil?

Como jugadora de roller derby he disfrutado especialmente encontrarme con situaciones P1090110que se viven una y otra vez cuando se es parte de este deporte: instrucciones para caer bien al suelo, referencias a la peste del material, muñequeras puestas al revés, moratones en los brazos…, pero también me topé con cosas que creo un poco desfasadas del deporte, como ciertas alineaciones y el concepto estético que se tiene de las jugadoras. Otras características, para mí fundamentales del roller derby, a veces enmarcan la historia sutilmente, pero son importantes para conocer el espíritu y la dinámica de los equipos: que nos autogestionamos, que es un deporte transfeminista, inclusivo y horizontal, que la relación con árbitros y contrincantes es buena (buenísima) y que hacemos comunidad porque nos importa hacerla, y hacerla bien.

Si algo tengo que mencionar con un tono más negativo, son dos cuestiones. La primera, es que me ha parecido un libro que utiliza demasiados estereotipos para construir su narración: Que a Astrid le guste el color negro y el roller derby, y a Nicole el rosa y el ballet; que todas las jugadoras de derby tengan el pelo teñido y tatuajes, que la archienemiga de Astrid se vuelva la nueva mejor amiga de Nicole, que todo suceda antes de entrar al instituto —que será el highschool—. Es verdad que muchos de ellos los termina rompiendo hacia el final del libro —no desvelaré cómo—, pero me habría gustado que las propias bases de la historia se desentendieran de esa historia, la que ya todos hemos visto, leído y consumido muchas veces.

Por otra parte, me dio la 28535754_10160095117505416_852901489_nsensación de que el trabajo de traducción no se hizo con la colaboración de alguien de dentro del mundo de roller derby, porque detalles como calcar los nombres derby al español, quitándoles toda su chicha —Dentellada de arcoíris no es un buen nombre derby para la heroína de Astrid—, no investigar el concepto penalty box o asumir que el cubrecasco es braga porque en inglés es panty —aunque se fastidiaría el chiste con cubrecasco—, refleja, al menos, falta de interés en la materia que estás traduciendo.

Con todo Sobre patines es un cómic divertido, de colores alegres, dibujos expresivos y estética cuidada, con dosis de humor y diversión, absolutamente recomendable para todas las edades, y un objeto ficcional más que podemos añadir a nuestro escaso repertorio. Ojalá pronto se pierda Whip it entre las nuevas publicaciones, porque aunque es una película sobre roller derby, de ninguna forma muestra cómo es el roller derby de verdad. Por suerte, hay muchas páginas en internet que lo muestran: ¡a googlear!

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