‘Binti’: contra el Poder, ni guerras ni enredos

P1090053Autora: Nnedi Okorafor
Traductora: Carla Bataller Estruch
Año: 2018
Editorial: Crononauta
Género: Novela corta
Valoración: Me gustó

Me estreno en el afrofuturismo literario con esta novela corta que ha sacudido la ciencia ficción, con su brevedad, con su transgresión mito-temática y narrativa —merecedora de su Hugo, su Nébula y su positivísima recepción lectora—. A mí se me ve el cobre a leguas: me gusta la crítica y la teoría, y quizás lo que más me guste sea la literatura comparada. En Binti he encontrado un baúl colmado de riquezas para tirarme de cabeza: mitos, tensión Centro-periferias y estudios culturales.

Esta es la primera entrega traducida al español de una trilogía de novelas cortas —por suerte nos ha prometido Crononauta que tendremos el segundo tomo antes de que acabe el año—, y su propuesta es darle la vuelta a todo aquello que representa el Centro —de poder, por eso en mayúscula—. Lo consigue con elegancia y mucha genuinidad. Puede que en más de una ocasión futura abra alguna reseña haciéndome preguntas del estilo «qué es la Literatura» —siempre desde la suspicacia, desde luego—, pero creo que si tuviera que responder espontáneamente me conciliaría con eso de que la Literatura es la que se entiende por «buena» literatura —históricamente hablando—, y que lo que hace a una obra «buena» es que se conforme por un equilibrio entre la tradición y la innovación. Todo lo que acabo de decir tiene miles de problemas—empezando porque lo de Literatura es, en sí, muy oscuro y, por cierto, nada bueno, porque defiende un canon centralizado, blanco, burgués, masculino, occidental, y yo soy la Calamara para oponerme a todo eso—, pero baste esa respuesta limitada y apresurada para abordar Binti, porque Binti también se opone al Centro.

No soy ninguna experta en ciencia ficción, pero me gusta y me entusiasma desde unP1090054 punto de vista teórico, precisamente porque, en cuanto a género, ha tenido que vivir siempre con su relego a la falacia de la «baja literatura» y fungir desde la periferia. Y justo por eso es tan buen marco para movimientos opuestos al Centro, como el afrofuturismo —una «ola cultural y artística internacional, plurilingüe, multifacética y rematadamente visionaria», palabras de Arrate Hidalgo—. No es posible que nos refiramos a asignaturas de bachillerato, colecciones editoriales, premios y demás, con la etiqueta de «Literatura Universal» si solo abarca obras literarias europeas escritas por hombres blancos. Ese es el Centro, y es a lo que hay que oponerse.

Retomando la fórmula tradición + innovación, propongo una exploración —el clásico contenido y forma— con un poco de zoom para abordar Binti. ¿Qué transgrede y qué mantiene Okorafor?

El contenido

La historia es una versión del mito del héroe. Binti es la primera estudiante himba aceptada en la prestigiosísima Oomza Uni. Para asistir tendrá que dejar atrás su hogar, su planeta y su vida como los conocía. Su sociedad es innovadora y de una naturaleza sumamente inteligente, pero también es arraigadamente sedentaria, y la migración de Binti se interpretará como una traición a su gente. A pesar de todo, Binti abordará una nave espacial —que es un bicho gigante vivo— hasta la institución que la ha convocado por sus extraordinarias dotes matemáticas —dotes muy extendidas entre su comunidad, por cierto—, pero el viaje se complicará a causa de una sanguinaria invasión alienígena —las medusas—. A este asalto Binti tendrá que intentar sobrevivir.

P1090052Tomo como verdad que los mitos son mundiales y atemporales, y que Binti es una versión más del mito del héroe, modificado puntualmente por ciertas circunstancias concretas de nuestro tiempo. Pero son justo esas alteraciones puntuales al mito lo que más me gusta del libro: es como si Okorafor le dijera «perdona, no» a un intento de manspreading narrativo del llamado monomito —así le dicen al mito del héroe—. Se intenta, desde la poderosa infraestructura heteropatriarcal, llamar a la literatura escrita por mujeres «literatura femenina», como si lo «femenino» no fuera un invento, y como si las mujeres no pudieran escribir sobre cualquier cosa. Ahora, en Binti se nos ofrece una trama que, en un principio, parece que andará sobre una línea convencional de sucesos, donde el clímax correspondería a una violenta y descomunal batalla, con víctimas y repercusiones desorbitadas, y que podríamos etiquetar como «masculina». Y eso es justo lo que no nos encontramos. Sí hay una matanza y hay sangre, pero es solo la excusa para contar una resolución alternativa al problema narrativo y, de hecho, es despachada con brevedad en los primeros capítulos. Esta no es una historia de guerras intergalácticas, interraciales ni interculturales, porque no es una historia de guerra —la guerra es patriarcal— sino de apertura, diálogo y comprensión.

Por otra parte, la trama aborda los prejuicios raciales propios de nuestra realidad, y lo hace a distintos niveles: la chica himba es mirada y tratada con desprecio cuando tiene

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que desplazarse hasta la nave, escucha comentarios venenosos sobre su ropa, sobre su pelo y sobre la capa de otjize que protege su piel. Estas pirámides sociales y la racialización que sufre, podría parecer periférico o un mero elemento secundario para demandar la discriminación racial, si no estuviera estrechamente relacionado con el resto de la trama: el trato de la humana con otras razas alienígenas. Es el origen himba de Binti —probablemente cualquier humano de otra civilización habría fracasado en la empresa— lo que permitirá a la protagonista resolver la situación alarmante en la que se encuentra. No podría ser más significativo que lo consigue gracias al otjize que lleva con ella, y que representa su hogar y su tierra —que es literalmente su tierra—. Esto, para mí, es una genialidad, y es una genialidad también la central importancia simbólica del pelo de Binti en la historia: la forma de sanar heridas a través de la tierra y la forma de abrir diálogo a través del pelo. Y ya no digo más, porque me mantengo fiel a lo de reseñar sin spoilers.

La forma

Eso de que la ciencia ficción, o la fantasía, o cualquier otro tipo de «literatura de género», como a veces se les llama, sea de menor calidad que aquello que nos vende el Centro, solo se sostiene porque a alguna entidad importante y poderosa así le conviene. Un P1090077estudioso de la literatura desfasado podría arremeter ahora conmigo y decirme que «literariamente» la ciencia ficción, en general, no tiene mucha calidad. Imagino que eso se traduce a algo parecido a esto: que el nivel narrativo no es complicado, ni enrevesado, ni visiblemente psicológico, ni lírico, ni profundo —que creo que son ideales convencionales de la literatura «universal», o sea, occidental—.

Es verdad que te acomodas, abres Binti y probablemente lo termines de una sentada, que no tengas que releer ninguna oración para entender lo que está pasando. Creo que eso es propio del género, y a mí me gusta. No hay humos soberbios, ni genéricos ni literarios, y esto, además de agradable, es también una resistencia más al canon —el canon es patriarcal—. No se echa de menos nada: ni la fragmentación, ni lo meta, ni lo psíquico, ni las oraciones de veinte líneas, ni las imágenes que buscan la originalidad, ni la pretensión de revolucionar por ene vez la novela —cuando la novela es de por sí revolución—, ni esa tendencia tan molesta de ciertos autores de intentar impresionar a sus lectores —parad con eso, en serio—.

Me gusta la sencillez y humildad narrativa de esta novela corta. A Binti, con una narradora-protagonista completamente tradicional, le bastan cien páginas para hacernos un desfile de riqueza, sin la pretensión irritante de cambiarnos la vida, pero, desde luego, con mucha más eficacia para hacerlo que la obra literaria promedio.

P.D. La Nave Invisible propone una Lectura Conjunta de Binti en marzo, así que, ¡a buscarlo! (#LCNaveBinti, https://t.co/d95nwdibau)

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